lunes, 18 de mayo de 2020

La turrita - Bloodborne es magistral

Cuándo acabé con Ludwig en el DLC (The Old Hunters) noté un cosquilleo en el cuerpo. Puede que fuera la sensación de juego o incluso que "me divertía", pero lo que sentía era satisfacción y es que Bloodborne es una historia de superación y satisfacción. Cada paso que das batallando contra los enemigos o los jefes de la zona sientes que has avanzado un poco en la aventura, hasta llegar a su fin.

Ésto no lo pensé la primera vez que me lo pasé. Obviamente sabía que Bloodborne era bueno. Muy bueno; casi perfecto. No ha sido hasta esta segunda vuelta en él, explorando todo el mapeado; consiguiendo todas las armas y armaduras y adentrándome en sitios tan salvajes como las mazmorras multijugador, llegar a la conclusión de pensar que Bloodborne no era un simple juego de 9; era una de esas llamadas Obras Maestras. Una joya que brilla a final de generación y que deja también ver el reflejo de la historia de PlayStation 4.

Atravesé por última vez el sueño del cazador para dar muerte a Gerhman. Cuando vi a ese pobre diablo; inmóvil y sentado en su silla, pidiéndome que me rindiera y que aceptara mi muerte después de acabar con la Nodriza de Mergo... no lo hice. Aquí debo ser objetivo, mi idea era sacarme todos los finales y ver con cual me quedo y me resulta curioso que los tres finales tienen un destino similar. Casi a la par, como dije antes, con mi relación con PlayStation 4.

Bloodborne es magistral. Una obra dantesca y lúgubre que a pesar de su tono oscuro y salvaje, atrae. Atrae a un nivel incuestionable y nunca visto en la baraja de títulos first party de Sony Interactive Entertainment. Este texto solo refleja a un muchacho que todavía no quiere abandonar la cacería, que quiere ver qué ha hecho From Software con Sekiro y qué va a hacer en el futuro con Elden Ring. En general, buenas vibraciones supongo.


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